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Muñequeando

Hace bastante que no tenía tiempo para hacer manualidades sin contar los camafeos que hice recientemente para vender en la tienda Etsy.
Siempre me han gustado las muñecas cabezonas, de hecho, mi hija Bea y yo tuvimos una colección de Bratz hace años, que comprábamos de segunda mano por ebay y customizábamos a nuestro gusto.
Ahora ya no tengo la disculpa de “la niña” para comprarme muñecas y además me gustan bastante más las Pullip (y no las baratas, precisamente) y me duele en alma gastarme casi 200 pavos en una.
El otro día mi amiga Ana, que hace artesanías chulísimas y las vende en La pecera de Akane, me regaló unos cuantos trozos de una nueva masilla de textura como la plastelina pero que seca al aire, pesa poco, huele bien (y hasta bota cuando está seca) y me decidí a hacer alguna manualidad, que hacía mucho (desde que dejé de imparitr clases casi) que no me ponía a ello.
Como me gusta complicarme la existencia, en vez de elegir una cosa sencillita, me decidí a construir una muñeca cabezona.
La estructura de la cabeza la hice con una bola de papel de aluminio, para ahorrar material y al principio el modelado quedaba genial, pero luego al irse secando, los rasgos quedaban mucho menos marcados (esta masilla tiende a redondear) y le salieron unas grietas en la superficie que no pude quitar ni alisando repetidamente ni con una especie de barbotina que hice con un trocito de masilla y agua.
En la foto se ve que ya le han desaparecido los agujeros de la nariz, esta tiene la mitad del tamaño original y hasta las cuencas de los ojos se están difuminando :(

Aun así y ya que me había puesto, decidí terminar de modelar el resto de las piezas aunque sólo fuese como práctica. La masilla que había preparado de color carne no me llegó para las articulaciones, sólo para cabeza, manos, tronco y pies.

El armazón lo sustituí por limpiapipas trenzados para que fuese articulada. El pelo lo obtuve de una viejo postizo de disfraz que Bea ya no usa, recortando y cosiendo los mechones para adaptarlo a la cabeza.
Los rasgos tuvieron que ser pintados, ya que no había cuencas donde insertar unos ojos.
Como necesitaba calzado, le saqué los pies (truco de las Bratz) y se los sustituí por unas botas de media caña que le hice. Aun así, como la masilla sigue siendo bastante elástica una vez seca, se pueden quitar y poner sin problema.
Le hice un vestidito con un retal de terciopelo negro y una vieja camiseta blanca de mi marido y voilá

No es una maravilla, pero me ha servido para relajarme a ratos durante esta semana un poco chunga y apartarme del ordenador.
Si encuentro una masilla más adecuada, a lo mejor me animo a hacer otra…